El olor del cometa 67P

smelloscope¿A qué huele el espacio?

Esta pregunta ha intrigado a los sabios desde la más remota antigüedad, desde una base fundamentalmente filosófica («¿a qué huelen las nubes?» o «¿si no hay ninguna nariz en el espacio, esta camiseta se puede usar todavía?«) hasta la aproximación tecnológica de la ciencia actual.

Bien sabemos, por los relatos de los primeros astronautas, que la Luna tiene un cierto olor a pólvora quemada y el espacio huele a la barbacoa del abuelo. En el caso de la Luna, el regolito de la superficie (ese polvo fino de óxido de sílice, básicamente arena molida que se metía dentro del módulo lunar pegado a los trajes) seguramente adquiría el aroma por algún efecto físico-químico desconocido. Lo cierto es que al volver a la Tierra, el olor desapareció.

El olor del espacio se debe a que no está vacío, sino que arrastra una cierta cantidad de hidrocarburos aromáticos policíclicos que son el subproducto de estrellas muertas en el espacio profundo*. Estas moléculas (posiblemente el origen de casi todo el carbono del Universo actual) dan un olor combinado que identificamos con carne a la parrilla, gasolina o metal recalentado. Que son precisamente los ingredientes de la barbacoa de mi abuelo.

Sistemas estelares con abundancia de oxígeno darán olores más agradables, pero el nuestro -que dispone de mucho carbono y poco oxígeno- produce un olor acre que se acerca más al de algo quemado.

cometa-67PVolviendo al cometa 67P

El Churyumov-Gerasimenko fue el objetivo de la sonda Rosetta y su módulo Philae en 2014, y parte de la batería de análisis consistió en descubrir qué productos químicos formaban su estructura. La base que esperaban encontrar era agua y polvo (de carbón y silicatos) que, al igual que el CO / CO2 presente en la cola, son inodoros. Pero había más compuestos: amoníaco, sulfuro de hidrógeno, cianuro de hidrógeno… todos ellos dotados de propiedades organolépticas desagradables.

Todo está en la mente

¿Por qué resultan desagradables? Por nuestro condicionamiento. Estas sustancias son tóxicas o están asociadas a situaciones tóxicas aquí en la Tierra, por ejemplo el olor a almendras amargas del cianuro de hidrógeno (bien conocido por los lectores de Agatha Christie) que es un residuo del cianuro de potasio usado por muchos asesinos y espías. El amoníaco está presente en la orina y las sustancias orgánicas en descomposición, su olor pungente indica la presencia de muerte y tal vez marcas territoriales de depredadores**. El sulfuro de hidrógeno huele a huevos podridos, e indica claramente que no comas aquello que lo desprende.

Millones de años de experiencia nos han enseñado a rehuir de estos olores y tenemos una alta sensibilidad a algunos de ellos; por ejemplo del etil-mercaptano (producto de reaccionar sulfuro de hidrógeno con etanol) podemos percibir con nuestra humilde nariz concentraciones de una parte en 2.800 millones. Es lo que se añade al butano embotellado para detectar fugas (el butano en sí es inodoro).

La combinación de estos químicos se ha sintetizado aquí en la Tierra en un experimento más bien jocoso, y el producto es un cóctel que sí podemos oler. La empresa The Aroma Company ha fabricado postales de «rasca y huele» y muestras que pudieron catarse en la Summer Science Exhibition de la Royal Society. Los testigos indican que el cometa huele a podrido y meados de gato.

nyancat

Cosmic space perfume smells more like cat pee, en el Telegraph

* Desafío para el que haya captado la micro-cita geek!

** y en la carne de tiburón. Si no queréis que esas rodajas de tintorera que vais a hacer a la plancha apesten a orina toda la casa, lo mejor es dejarlas en remojo con agua salada (esto lo aprendí de la expedición Kon-Tiki por parte de mi abuelo, el de las barbacoas. Gracias, abuelo!)