Esta noche es cuando ocurre el tránsito del planeta Venus, es decir, que pasa por delante del Sol; si estuviera más cerca sería un eclipse, pero lo que se verá será un puntito delante del fiero disco del sol de junio. Tiene su valor anecdótico: antiguamente los sabios se morían por presenciarlo, ya sea para cotejar sus cálculos de distancias planetarias o por ajustes de calendario: se supone que los mayas habían ajustado el calendario para que el ciclo actual (el treceavo b’akt’un) se cerrara con el paso de Venus ante el Sol. No es descabellado, ya que es un fenómeno raro, periódico, observable a simple vista -más de un sabio se dejaría las retinas en la tarea- y además Venus es el astro asociado a Kukulkán, una importante divinidad del panteón maya.
Sea como sea, esta vez quedará fuera del campo de visión. Siempre me pasa lo mismo con las efemérides espaciales, es como si estuvieran provocando para que salga a verlas ahí fuera. En fin, el próximo tránsito será el día después de mi 150 cumpleaños, ya pillaré un cohete orbital o algo.
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