Las teorías raras casi nunca llegan a tener un uso práctico, pero son divertidas. Aquí tenemos una que difícilmente sea verificable -aunque en un siglo o dos me tenga que comer estas palabras- fruto de la mente de Vyacheslav Dokuchaev, de la Academia Soviética Rusa de las Ciencias de Moscú: pueden existir planetas con condiciones para soportar la vida en el interior del horizonte de sucesos de un agujero negro.
Partiendo de la posibilidad (teórica) de que los fotones pueden mantener órbitas estables en torno a la singularidad, Dokuchaev especula con la posibilidad de órbitas planetarias -enormes- en las cuales cuerpos celestes arrancados de sus sistemas pudieran girar en complejas espirales durante bastante tiempo. Los fotones capturados, las mareas gravitatorias y la energía emitida por la singularidad proveerían de calor al mundo cautivo suficiente para soportar una química compleja y susceptible de evolución, aunque la vida que pueda florecer más allá del horizonte de sucesos de un agujero negro resulta totalmente impensable para nuestros conocimientos actuales, porque allí no rigen las leyes de la física tal como la conocemos.
Esto me recuerda a aquellas criaturas lovecraftianas procedentes «de planos de existencia anómalos» «mundos que violan nuestras leyes físicas» y «cuerpos que son sólo parcialmente materia» (¿alguien ha dicho materia oscura?). Lejos de ser artefactos para justificar una historia, aquellas frases parecen cada día más proféticas…
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