Presionando el futuro: minas en la Luna

Ya lo decía Arthur C. Clarke, que una de nuestras responsabilidades como especie inteligente era abandonar la cuna llegado el momento; una decisión que marca la diferencia entre una civilización que crece y una moribunda. Personalmente soy optimista y veo más una humanidad tipo Star Trek que una SeaQuest, refugiada bajo el mar y comiéndose lentamente el planeta hasta la extinción de uno u otra.

Pero esta sociedad primitiva cuyo motor básico es el enriquecimiento personal necesita un estímulo más primario que las maravillas que nos muestran los científicos: necesitamos beneficios económicos claros para sacar el pie a las estrellas. No cabe duda que la primera jugada será en nuestro sistema, y dentro de no demasiado tiempo: hay energía y materias primas ahí al lado, en cantidades prácticamente ilimitadas y esperando que las recojan. Un ejemplo fácil es la minería lunar. No creo que sea casualidad que, cuando hace unos meses China anunció recortes en la exportación de tierras raras (que son fundamentales para la fabricación de componentes electrónicos; China tiene casi el monopolio de producción de estos elementos con un 97% de la minería actual) empezaran a aparecer proyectos de exploración lunar práctica.

La última de estas noticias se refiere a otro elemento que, a pesar de ser extremadamente común en el espacio, resulta alarmantemente escaso en la Tierra: el helio. La primera Reserva nacional de Helio la montaron los norteamericanos allá por 1920 en un bunker en Amarillo (Texas) donde encerraron 90.600 millones de litros de este gas, útil en aquellos tiempos para llenar dirigibles. Actualmente, la tecnología le ha dado más usos: soldadura eléctrica, detección de escapes, refrigeración de reactores nucleares… pero al helio terrestre le quedan menos de veinte años, consumiendo al ritmo actual. Para reírse de la crisis del petróleo.

Aquí aparece la Luna. Al carecer de atmósfera, recibe y acumula las ingentes cantidades de helio que el Sol empuja con el viento solar. Resulta más fácil recogerlo de la Luna que del Sol, y de paso se pueden minar otros recursos como las citadas tierras raras. La minería lunar cuenta con una ventaja: la baja gravedad, que permitiría poner en órbita a bajo coste todos aquellos productos. Por supuesto tiene muchas desventajas: distancia, falta de atmósfera, y todo lo que nos podamos imaginar. Cada misión espacial realizada hasta ahora por el hombre es arriesgadísima. La nueva generación de astronautas comerciales deberá disponer de equipos más fiables y un tráfico más intenso si quiere llegar a buen puerto… pero lo que hay al otro lado merece la pena, aunque sólo pensemos con el bolsillo.

Visto en io9.